Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

lunes, 18 de abril de 2011

Adagio para cuerdas


Recuerdo aquellas infinitas noches de febrero iridiscentes como púlsares.
Tú me sonreías con esos ojos de ágata donde hizo su palacio la luna,
y yo me sonrojaba como la víspera de un solsticio de verano, tímido,
enclavado en la distancia, mientras en mis oídos ovillaba el hilo ausente
de tu voz. Por entonces aún no sabía del orfeón de tu tristeza
ni del acueducto de tu infancia, huérfana y solitaria, pero algo en tu mirada
–un destello irisado, un reflejo opalino del beso en clandestinidad–
me decía que eras Mía, y esa certeza hacía que me estremeciera de belleza,
como siempre que escucho el Adagio para cuerdas de Barber.
No he olvidado cómo a tu lado los colores parecían más vivos, musicales,
y todo, incluso la lluvia sobre la hierba, sonaba diferente, más límpido,
más veraz, como ese sol propincuo que caracolea en el limo de los estanques
a la llegada del ocaso y espolea nenúfares en mis ojos ver-de-mar,
o las gaviotas que cantan al unísono como rubicundos tulipanes de Delft,
o la alborada que bisela gotas de rocío en el regazo de las hayas.
Cuando te necesitaba no tenía que silbarte, pues tu voz de lluvia
galopaba vagarosa desde la playa de San Lorenzo a mi Torre de Tubinga
con el muecín de las olas, y yo naufragaba en tu galerna de besos
como un recoleto Hiperión. Juntos escribimos la historia de dos ciudades,
dos ciudades con el mismo nombre, permutadas, siamesas,
extrañamente umbilicales: Tokyo y Kyoto; las sílabas de tu nombre
están contenidas en el mío, aunque no sean palíndromo. ¿Fue por eso,
tal vez, que dijiste que habías nacido para mí, aun cuando nadie te esperaba?
Pero yo sí te esperaba, sólo que aún no lo sabía.
Al anochecer, todas las estrellas de todas las galaxias brillan en tu frente
coriolana, y el fuego de Prometeo arde en mi boca dehiscente,
chisporroteando promesas de amor
. Tú me soplabas y yo me dejaba mecer
por tu viento racheado de nostalgia, frágil como un cálamo.
¿Me dirás ahora que aún crees en las rosas cíngaras y en los males de ojo?
La música me ha enseñado que no hay muerte más atroz que tu silencio,
pues has de saber que este grito estrangulado que arpa la cadencia
del verso crece, como el musgo, en la gangrena de la soledad.
Cada vez que pienso en ti oigo a Debussy tocar el piano en un claro de luna,
los arpegios se ensortijan en fractales mientras acaricio tus cabellos de lino,
las nubes sestean como un fauno en una clave de sol, y nosotros,
atemperados, nibelungos, nos anillamos como esos lunes que no proyectan
sueños sobre la almohada porque yacen enterrados en una cárcava de amor.
Qué no daría yo por saberte feliz, como cuando te leí Llamas de Eróstrato
y tú pensaste en la lubricidad de los percebes. Pero ya no me enoja
que me llames grandilocuente. No pretendo ocultarlo. Es lo que soy.
Dios te hizo carne y Tú le diste poesía;
Dios te dio el Verbo y Tú predicaste su palabra en mi desierto.

Era otro tiempo, un tiempo en el que la música de Mozart era de un rosa palo,
los espejo-s-adulaban tu sencilla pose, pose de poetisa de Pompeya
–sin bucles ni redecilla en el pelo, pero con estilo
que busca con glauca mirada a Erato en el monte Helicón,
y en el cielo wagneriano, cerca de la comisura de tus labios,
esplendía un flavo lunar, tan pequeño y coqueto como aquella falda
de plátanos con la que Joséphine Baker bailaba el charlestón
en las noches impresionistas del Folies Bergère.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

6 comentarios:

Cita
18 de abril de 2011, 16:48

Últimamente tu profundidad es prosaica... y me encanta...
¿Fue por eso,
tal vez, que dijiste que habías nacido para mí, aun cuando nadie te esperaba?
Creo que esta pregunta esconde algo que no logro descifrar (igual me estoy haciendo películas, no sé)
Besos
Cita

Liz Flores
18 de abril de 2011, 20:57

Al leer tu texto tuve la sensación por un momento de que las líneas se mecían como olas, muy suaves, pero supongo que es el proceso que provoca tu sentimiento al envolver el alma del lector. Es tan doloroso leerte, pero a la vez adictivamente hermoso y plancentero hacerlo, y no importa cuántas veces me encuentre con tu ideario poético o el de Sara, que es uno mismo, sé que siempre me sorprenderá la belleza en tus letras porque sabes sacar los mejores matices a tus ideas y conectarlas con la sensibilidad de los demás de manera profunda, pero muy dulce.

Bello post, todo en conjunto suena como un hermoso adagio.

Un abrazo, Óscar.

Taty Cascada
18 de abril de 2011, 21:47

"La música me ha enseñado que no hay muerte más atroz que tu silencio..." Esa es la verdadera muerte, la ausencia de los sonidos, de las palabras, de las preguntas. No se muere en las carnes ni en los huesos, se desaparece en la ausencia de la palabra, del verbo...
Hoy maestro, me inclino ante tus letras y ante el adagio de Barber.
Un abrazo poeta.

Marisol
19 de abril de 2011, 4:09

El poema empieza con unas pinceladas oníricas, y de una belleza marcada, te subrayo:
'como la víspera de un solsticio de verano'
Y metáforas de gran intensidad lírica, muchas de ellas suenan axiomáticas.
'mientras en mis oídos ovillaba el hilo ausente de tu voz.'
'La música me ha enseñado que no hay muerte más atroz que tu silencio'
'Dios te hizo carne y Tú le diste poesía'
Tampoco es nada raro encontrar ingeniosos juegos de palabras en tus versos, como en:
'los espejo-s-adulaban'
Donde logras un calambur además eufónico.

Un gran abrazo.

Isabel Moncayo Moreno
19 de abril de 2011, 21:13

No hay un renglón en todo el poema que no tenga una carga de amor desbordante, un derroche ingenioso de imágenes se mecen como entre nubes de de dulzura, hay lecturas que llegan al corazón y otras despiertan los sentidos, tú poema lo logra todo ¡ah! cuánto me gusta, estimado Óscar, cuánto me gusta leerte.

Un abrazo.

Cita
22 de abril de 2011, 15:30

Gracias por tu sincera opinión como siempre amigo.
Me gustaría que leyeras un poema que publiqué esta semana que se llama A FUEGO. Intenté trabajarlo bien, le dediqué tiempo y traté de hacerlo mejor. Quiero tu opinión, si no es mucho pedir, eres de quien mas aprendo.
Besos
Cita

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