Corté el sépalo rozagante
que sobresalía en la floresta de tus labios
con el zarcillo de la lengua,
y libé tu rocío, el alburno y la inocencia
hasta que me sangraron las metáforas,
pletóricas de pífanos y pétalos.
Ascendimos como una espiral
por la caracola del beso,
y nos fundimos en un océano fractal
de purpúreas sinestesias.
Escuché a tu piel clamar mi nombre
en un espejo convexo, olí tu voz en la distancia
y se abrió el mar en miles de cielos.
Todos eran nuestros.
© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.







