Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

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miércoles, 29 de diciembre de 2010




Amanece la rivera de tus muslos investida de violetas,
perfumada de rosas, corolario de zarcillos y azucenas,
y al albur de mi saeta
cimbreas tu cintura de mariposas como un hula hoop,
con la a-levosa levedad de la libélula.

¿Cómo podría rielar versos en la pálida mejilla de la luna
sin sublevar su trémula anatomía de luciérnaga?

No aprendí a desnudar los aspavientos de tu sol-edad
con labios ciegos, pero puedo hacer un bestiario de unicornios
de una lágrima cristalina y refulgente.

No preciso de campanillas para tintinear requiebros en tu oído
con la apostura del ciervo
si el amor ausculta nidos en el horizonte
y los pájaros sobrevuelan por tu océano de musgo
sin faro ni baliza.

Somos la esencia insondable del bucle,
el anillo del mar, la estrella binaria,
la tautología del cero y el uno,
el infinito en un verso,
la rosa espumosa del vino.

Somos agua y tenemos sed.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 26 de noviembre de 2010


Feliz cumpleaños, Sara.

Qué contradicción tan grande, ¿verdad? Desearte feliz cumpleaños cuando no puedes cumplir años, cuando el que no puedas cumplirlos es flébil (sí, como el derrame de la luna), no feliz. Pero para mí, en mi particular calendario, los sigues cumpliendo, porque habitas mi memoria y en mi memoria estás viva. Nunca dejaste de estarlo. Nunca dejarás de estarlo. Siempre te recuerdo, y te recuerdo como tú querías que te recordara, en los mejores momentos. Que hubo muchos.

La brecha en el tiempo se hace más grande. Mientras yo sumo años y envejezco, tú sigues teniendo la misma edad. Eres eternamente joven. El tiempo que nos separa es el mismo que nos acerca. El tiempo es un río profundo y negro que corre en dos direcciones. El río Leteo. Al final, todos desembocaremos en el mismo mar, un mar muerto. Allí nos encontraremos como dos veleros solitarios.

Cuántas veces me he sentido un dios atrapado en un cuerpo humano, con un espíritu demasiado elevado para esta cárcel de carne y huesos; y sin embargo, ¿qué dios no es capaz de sanar el ala herida de una alondra? Mi poesía no debe de ser tan bella cuando no te pudo curar. Quiero volar hacia ti, pero yo no tengo alas de libélula, y si las tengo, no sé usarlas. Las que yo te di eran tan frágiles que las rompió el viento.

Si al menos pudiera soñar contigo, mas tendré que resignarme con pensarte, el único consuelo que le queda a la mente lúcida y despierta, demasiado consciente de su propia existencia y de su tristeza de papel.

No te olvido. Te quiero.

P.D.: Raquel ya te habrá enseñado que algún día devolveremos la materia al otro lado del agua.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

sábado, 19 de junio de 2010


He mamado de las ubres de la poesía en esta noche preñada de estrellas
y siento que podría crear el universo en la aliteración de tus alas de libélula,
pero hoy no te sorprenderé con el subterfugio de un hipérbaton
ni con retóricas figuras.
Hoy sólo quiero besar esos labios de piedra donde nunca lloveré.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 17 de marzo de 2010


pero no te importe, no, da igual cómo te llame.
(Desnudo, Amor, Musgo, Ave)
'Te llamaré Desnudez', Sara Álvarez


Acuclillado en la pupila de la noche,
observo el baile de las estrellas.
Algunas son fugaces,
como el rumor de la falda que oscila
al vaivén de las caderas;
otras, supernovas, explotan en la oscuridad
como un lunar postizo en la comisura de la boca
que se desprende dejando la sombra albina de una estela.
Todas lucen hermosas vestimentas,
con volantes, drapeados y lentejuelas,
brazaletes de diamantes
y aretes de perlas,
pero de entre todas las beldades que iluminan nuestra esfera
con su donaire y prestancia etéreas,
tú eres sin duda la más bella.
Ninguna resplandece tanto,
ninguna refulge con tanta grandeza.

Me sonríes con el vuelo peregrino de una lágrima,
y en tu ceja se enarca la imponderable compostura del viento.

Aún conservo en mi boca la sal de tus labios,
tu aliento calinoso, como vapor de agua que asciende por la médula,
y ese último beso biselado que inyectó en sangre mis pulmones.

He aprendido a re(su)citar de memoria cada uno de tus nombres:
libélula, mariposa, hada, falena.
Da igual cómo te llame; tú siempre me respondes
con la palabra correcta.

En todos vuelas,
en todos eres música
y en todos te sabes poesía,
como una canción que nunca acaba,
como una eterna melodía.

Cuando paseo por la playa a la luz postrera del ocaso
oigo tu nombre en cada concha nacarada que barre la marea,
te veo en cada ostra que esconde celosamente una perla,
y al mirar al firmamento, leo tus iniciales en cada constelación de estrellas.
Cada destello en la noche ilumina una letra de tu nombre,
como un rótulo de neón: Sara, siempre Sara.

Nunca querré tanto otro nombre.
Nunca lo pronunciaré sin tristeza.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

lunes, 25 de enero de 2010




En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio
'Ofelia', Arthur Rimbaud


Sueño,
y soy como la hoja muerta que flota en el lecho del río
entre juncos, nenúfares y espadañas,
tan dócil y mansa
como el cuerpo sin vida de Ofelia
que nada sin remo ni pala
mientras sostiene en sus manos rígidas un ramillete de lirios
tan marchitos como ella;
¡pobre doncella!,
presa de su locura de amor
al frío lago abandonada,
tan quieta y serena como una pálida estrella
que mengua en las aguas
al contemplar su blancura cadavérica
argentada por los rayos de luna;
¡desdichada doncella!,
allí amortajada en su tálamo de cieno
donde celebra esponsales con la muerte en eterno himeneo,
eterna novia de ranas e insectos;
¡dichosa doncella!,
pura y virginal como el blanco de su vestido,
en eterna espera del beso del amado, de la venganza cautivo,
que la despierte del sueño en que se halla sumida
con una fragante orquídea prendida del pelo
que rivalizaría en albura con la lividez de sus mejillas,
ya sin brillo ni rastro de lozanía.

Sueño,
y soy como la hoja caduca que alancea el remolino de aire
y arranca de la rama que la vio florecer;
hoja inerme que cae a las aguas bravas que bordean la ribera
sin oponer apenas resistencia
y ve alejarse con tristeza la orilla
junto a aquel árbol que la arropó,
esperando ser arrastrada por la corriente.

Sueño,
y soy como la libélula que capitanea el viento con alas proféticas,
en las que el sol entalla el paisaje de su desnudez.

Sueño,
y soy como las burbujas en los charcos que anuncian la tormenta.

Sueño que soy la gota de agua que hace gemir a la tierra de sed.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 19 de noviembre de 2009


Me abanicas con alas de libélula
cuando el esplín se contonea en serpentinas de fuego
por la cúpula del sueño,
y ya no temo a la tristeza,
porque la conozco y no es tan fiera,
y si antaño fue enemiga,
hoy es fiel compañera.

¿Quién dijo que del carillón de la lengua sólo salen gritos perdularios?

Me abrazas sin reservas
con la umbilical caricia del llanto
de un bebé recién nacido
–letífico vagido para mis oídos–
y renazco convertido en un poema-paloma-amapola
en el útero de tus versos,
dentro de una imponente esfera.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.