
Amanece la rivera de tus muslos investida de violetas,
perfumada de rosas, corolario de zarcillos y azucenas,
y al albur de mi saeta
cimbreas tu cintura de mariposas como un hula hoop,
con la a-levosa levedad de la libélula.
¿Cómo podría rielar versos en la pálida mejilla de la luna
sin sublevar su trémula anatomía de luciérnaga?
No aprendí a desnudar los aspavientos de tu sol-edad
con labios ciegos, pero puedo hacer un bestiario de unicornios
de una lágrima cristalina y refulgente.
No preciso de campanillas para tintinear requiebros en tu oído
con la apostura del ciervo
si el amor ausculta nidos en el horizonte
y los pájaros sobrevuelan por tu océano de musgo
sin faro ni baliza.
Somos la esencia insondable del bucle,
el anillo del mar, la estrella binaria,
la tautología del cero y el uno,
el infinito en un verso,
la rosa espumosa del vino.
Somos agua y tenemos sed.
© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.






