Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

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jueves, 7 de junio de 2012












el dolor es un viaje en solitario
al corazón de las tinieblas


el rocío tiembla en tus pestañas como un pájaro de nieve
al amanecer

¿dices lágrimas?
       ventisqueros son los ojos

imagina la soledad de un verso sin contexto
                                                       desubicado
         perdido en un suburbio de chinchetas
luna oculta
         embreada de aceite y sal

las ciudades de las letras
égloga    ágape
        onzas de neón y leotardos

mi corazón      emparedado
           jaula vacía       ergástulo y celda abarrotada
el silencio de los pájaros
            que han dejado de cantar

y tú
       la carrera de una media
uña postiza            manicura exonerada
     lluvia que siempre cae de lado
             la huella esponjosa del carmín

duele percutir en la piel y no hallar eco

la piel es la certeza de dos cuerpos
unidos por un mismo azar

el surco del instante que siempre otorga

la quise más que a nadie y nunca la toqué

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.



martes, 21 de septiembre de 2010


Corté el sépalo rozagante
que sobresalía en la floresta de tus labios
con el zarcillo de la lengua,
y libé tu rocío, el alburno y la inocencia
hasta que me sangraron las metáforas,
pletóricas de pífanos y pétalos.

Ascendimos como una espiral
por la caracola del beso,
y nos fundimos en un océano fractal
de purpúreas sinestesias.

Escuché a tu piel clamar mi nombre
en un espejo convexo, olí tu voz en la distancia
y se abrió el mar en miles de cielos.

Todos eran nuestros.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 23 de julio de 2010


el sigilo que acurruca mi piel para hacerla tálamo
'Te llamaré Desnudez', Sara Álvarez


Cuando leo tus cartas
me abrazo como si fueras tú quien me abrazara
aunque no pueda abarcar los contornos ausentes de tu espalda.
Quiero acariciarte, pero, como Lavinia,
siento que tengo las manos cortadas.

Mi beso se posó en tu hombro como una mariposa monarca
desnudando la primavera de tus alas con una albricia de pudor.
¿Ves aquel eclipse que escribe epigramas en el nimbo del sol?
Es mi lengua que arrulla tu piel como un relámpago ciego y obediente.

Aprenderé a circunnavegar tus pupilas en el solsticio de verano
como un velero de arena y sol. Te amaneceré en cada latido del viento.
Con el pulso del agua cimbrearé el aro de tu cintura
y emergerás con el porte mayestático de los barcos sacrificados a la mar.
Beberé del rocío salino de tus ojos en el dédalo del sueño
y rodearé la flor de tu nuca con mis húmidos cabellos.

Incluso cuando callo, te hablo,
y cuando duermo te escucho con los ojos cerrados.
Tu voz es la nana que acuna mi piel para hacerla tálamo.
Eres susurro de lluvia en piel mojada.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

lunes, 12 de abril de 2010


Mis labios diletantes agasajan tu vientre esmerilado
con la sevicia del beso.
Con esmerado puntillismo
acomodo mi saliva en la azarosa composición de tus lunares
y extraigo gemas del yacimiento mineral de tus muslos.

Exploro las galerías del placer subterráneo,
analizo la formación geológica de tus espasmos
a la luz del rocío
y me acurruco, ovillado, en la tibia oquedad de tu ombligo.

Te toco, y vuelan mariposas de mis dedos.
Me tocas, y cantan alondras en tu pelo.

Te hundes en mi boca
con la torsión de las lenguas
en la hélice del verbo.

Nuestro amor es la tempestad seminal que remeje las mareas,
el oleaje de la aurora,
la espuma del cantón.

Serigrafíame tu nombre en la espalda,
para que siempre que me acueste
sean tus labios mi canción.

Con tus besos atizas las ascuas en el brasero de mi pecho,
y al sellar mi boca con el metal candente de tus labios
me quemas la piel como el sueño incandescente de una luciérnaga
en el sofisma de la noche.

Abrazarte es como comprimir el universo en una cáscara de nuez;
un paseo clandestino por la falda de la luna.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 1 de abril de 2010


Si el hombre llegara a vivir aquí más tiempo, todo lo que hay en él de espíritu se extinguiría.
Nathaniel Hawthorne

Con qué ansia lame el céfiro el rocío hialino de las flores,
como si quisiera deshojar en sus pétalos su mal de amores.
El aroma de las rosas es deletéreo para el frágil corazón de la noche.
Las lágrimas ardientes son la belleza robada del beso.

Cuán rápido se nos va la vida y con qué lentitud viénese la muerte,
que la vida es enojosa por lo breve del deleite,
y hasta la muerte, de morosa, enfurece.

¿Cómo sabríamos que estamos vivos si la muerte no nos lo recordara con su sordo lamento?

Cuando creo que estoy solo,
tu silencio me recuerda que la tristeza me acompaña.

Lo que más siento de morir es que tú mueras conmigo,
porque al morir yo no habrá nadie que te escriba,
y tu recuerdo se perderá junto al mío;
triste e inevitable sino de todo lo que, como el hombre, es finito.

¿Podrán el amor y la poesía impedirlo?

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 26 de marzo de 2010


Me miras con el ojo enmarcado en la pluma ocelada de un pavo real
que despliega el abanico de sus encantos y seduce la mirada
con el fastuoso cromatismo de sus alas,
y yo tiemblo como el rocío en la mañana
con ese ritual de abeja que poliniza la flor
en el cortejo del néctar que precede al aguijón,
y vistiéndome los labios de silencio,
creo morirme sin biombo que oculte mi rubor,
como el quedo suspiro de la mariposa que el sol atrapó en su tupida red de fuego,
desintegrándola en infinitas partículas de luz.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 25 de febrero de 2010


¡habítame toda, que de mis labios eres la gema!
‘Léeme los labios’, Sara Álvarez


Es tu beso para este vate enamorado
mester de juglaría,
pues en la trova de tus labios
cuento hasta once sílabas,
y torna mi boca, con las lenguas arrimadas,
melódico soneto,
y el ecuestre corazón, cual arrítmico timbal, redobla gallardas corvetas,
y la penetración de los acentos pone el estrambote perfecto.

Juntos somos
la tasación de los latidos,
el jadeo del pétalo,
la gema tallada del orgasmo,
el zarco brillo del rocío.

No hay nada como amanecer con el candente rumor de la piel
en la solfa de los cuerpos.

No concibo otra victoria que la rendición de tu nombre en mi boca.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 7 de febrero de 2010


Sonríes,
y atesoro un bosque de arándanos entre mis manos.
‘Sonríes’, Sara Álvarez


Hay una estrella bi-polar en el doblez de tu mirada,
un abanico de mariposas en tu boca de amapola
y un cielo seductor.

Hoy me desperté con el ósculo del rocío en la fría mañana de tus mejillas.
Nunca supe si eran tus lágrimas o las mías.

Me he tragado las ascuas ardientes de tus llantos,
como Porcia a la caída de Bruto –tras dar muerte a César, derrocado–,
y ahora quisiera beber del manantial que atesoran tus manos
para saciar mi sed de galápago.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 13 de enero de 2010


Las personas que sólo pueden ser gráciles y ornamentales –las que sólo pueden darle al mundo flores– tendrían que morir jóvenes, sin que nadie las viera nunca arrugadas y canosas. No es que la belleza merezca algo menos que la inmortalidad, no: los bellos deberían vivir por siempre.
'Retoños y voces de pájaros', Nathaniel Hawthorne



Cuando una falda blanca cubra mis laderas y la nieve opaque el brillo de las flores,
tú harás florecer mi jardín con el verdor del musgo y el rumor de la hiedra,
y retoñarás la tierra adormecida de nuevos brotes,
mi siempre fértil primavera.

No habrá hojas mustias en tus ramas
ni escarcha en los pétalos de tus párpados,
si acaso una trémula gota de rocío
que libaré en el rubor del alba.

El invierno perfumará de jazmín tus mejillas sonrosadas
sin que la lividez se pose en la copa más alta.

Los rayos de sol bailarán en el follaje de tus pestañas
trazando en el aire jeribeques de colores,
y los pájaros harán su nidos en tu regazo,
engalanando tus oídos con sus trinos
y sus sones.

Yo envejeceré
como el sauce que contempla su lenta decadencia en las aguas cristalinas del río al que los años le abocan,
pero tú serás eternamente joven en mi recuerdo,
como esa flor perenne que acuno en la égida de mis manos
protegiéndola de la ventisca del olvido.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 1 de enero de 2010



Y en una nube el vaivén de tu perfil
Sara Álvarez

Te balanceas en un columpio de amaranto,
sobre una nudosa y oblonga rama de nogal
vestida de madreselva,
cobras impulso y te elevas
hasta regiones vírgenes y agrestes,
donde la luz penetra en el ramaje de los sueños
y bosqueja alrededor de la boca un halo de cerezas.

Desde aquí abajo puedo ver la tolvanera de tu falda
cuando asciendes tan alto como un cometa
y mitigas con tu vuelo su velo de grandeza,
y en el momento justo en que el cielo se posa en el blanco de tus ojos,
haces de mi perfil, en las nubes, divina providencia.

Te elevas y te elevas, y tan alto vuelas,
que te quedas suspendida en las enredaderas del aire,
cual campana que anuncia, con albricias, los esponsales,
tan cerca de Dios que puedes sentir su aliento, su cáliz,
y a continuación caes a plomo sobre mi cabeza,
como una lágrima del sol.

En cada vaivén puedo ver el escorzo de tu beatífica sonrisa,
el cendal del rizoso cabello flotando al viento,
los volantes de la falda de lino, plisada por los dedos de la brisa,
y tus lábiles pies mojarse al tocar el rocío de la hierba,
donde tumbado te contemplo, con una mano haciendo visera.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 17 de diciembre de 2009



una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío
'Amantes', Alejandra Pizarnik


Te oigo cada noche astillar mis sueños
sigilosa como un gato que se desliza a mi lado
sin que cruja la madera,
suave como una cortina de terciopelo que tremola débilmente
a la pálida luz del crepúsculo
cuando abres la ventana y penetra en la estancia
el relente y la brisa fresca del estío,
tan silente como el beso atemperado por el rocío de unos labios
abiertos en flor,
húmedos como pétalos de un nenúfar que flota en el vado del río
entre ramilletes de algas y vahídos de lirios.

Llegas a mi cuarto
y te quedas quieta en el umbral,
apoyada en la jamba de la puerta,
y me contemplas desde la penumbra, en un denso silencio,
con el semblante adusto y serio,
como si el tiempo fuera tu súbdito y la noche tu reino,
y en tu hieratismo,
pareces un espectro.

Yo te miro con los ojos entornados,
sin brillo que delate el embeleso en mis pupilas,
y cuando veo que te me acercas,
tan cerca como para susurrarme un te quiero al oído,
me hago el dormido
y sonrío con la límpida e inocente sonrisa de un niño.

Entonces me acaricias la frente
con manos de mariposa que rompe su cáscara de seda
para salir de la crisálida de la tristeza
y volar en libertad, esplendente,
y así velas mi sueño toda la noche,
hasta que con los primeros rayos del alba
te desvaneces.

Te oigo cada noche
como una llave que gira en la cerradura
abriendo la puerta de mis sueños.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 8 de noviembre de 2009


Si me besas, seré rocío para tu hierba;
y para tus ojos soñadores, fúlgido columpio de estrellas.
Si me abrazas, seré tu Acantilado de musgo y tu Faro en la niebla.
Si me enamoras, seré alfaguara de versos y surtidor de poemas.
Y si me amas…

Si me amas seré lo que tú quieras que sea –hiedra, liquen, falena–,
y lo seré hasta que muera.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 17 de septiembre de 2009



...eres el rapsoda sin saga donde enredo pálpitos
o el dragón que siembra albores bajo mi vientre de lluvia.
'Surges boca de tierra', Sara Álvarez


Quiero peinar el viento en tus pestañas
con un beso de colibrí,
y parpadear pétalos de amor
en tus húmidos nenúfares
cuando la noche sea un monstruo sin ojos.

Quiero dormir el rocío de la mañana
en un sueño de cristal
y amanecer con el olor de tu cabello
impregnado en la orfandad de mi almohada.

Quiero beber los primeros rayos del alba
en el cáliz de tus manos
cuando el calor bulla en las sábanas
y el otoño me enfríe los pies.

Boca de lluvia, vientre de fragua,
en el matinal aleteo de mi dragón herido
confundo tus pasos de baile
con el rumor de la hojarasca.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

sábado, 18 de julio de 2009


La araña,
incansable como la Parca,
teje la tela que late
en el fondo de mi alma.

Con los primeros rayos de sol,
cae el rocío de la mañana
acompañado de un aire fresco
que perla de aljófar las ramas.

La tela de araña,
tejida sobre una hoja
de ciprés alargada,
espejea tu mirada
con reflejos opalinos
irisándome de amor y calma.

La bruma se levanta
corriendo una cortina de lágrimas,
pero yo te veo acercarte nítida y clara
tamizada por las gotas de agua:

el cabello de azabache ondeando al viento,
encrespado como la crin de un caballo,
enhiesto como el pendón de un caballero;

las pupilas cristalinas que titilan de alegría
y que danzan como estrellas fugaces
en una noche de paz y armonía;

el arrebol que da color a la cara
como rosa sonrosada
del jardín de las Hespérides cortada;

la sonrisa más hermosa
que un hombre jamás contemplara;

y unos labios que me esperan,
deseosos de pasión,
pasionales de deseo,
embebiéndome en su aliento,
alentándome a depositar en ellos un beso...

¡Por fin,
ya estás aquí,
mi íntimo anhelo!

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

Hay un beso que cuelga de mis labios
como gota de rocío
deslizándose perezosamente
por el borde de una hoja de eucalipto.

Cuando oscile en su punta
y amenace con ser lágrima
en el mar de los suspiros,
tus labios se abrirán
para ofrecerme gustosamente su pistilo
y recoger la semilla
que germinará
en nuestro bosque de ensueño.

Tu boca es el ánfora
donde el agua sueña con evaporarse
en una porción de cielo
–amor que, como el cielo, es infinito–.

El rubor de tus mejillas
es un campo de amapolas
donde yazgo embelesado
contemplando
el baile de las nubes
al quebrarse la aurora.

A mi lado,
el Faro musita tu nombre
con su piel de silencio,
y yo sé que te amo
y que eres del roble
la corteza.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

Si supieras cómo quisiera ser flor
que reviente su polen entre tus manos,
ésas que me hacen volar en el abrazo,
perfecta primavera del deseo.
'Sed de ti', Sara Álvarez
En este bosque del luto
gime el viento entre las ramas
una canción de despedida,
y templa el follaje
los suspiros
con su laúd de nostalgia.
Caen las hojas pajizas
en barcarolas
mecidas por la pena,
y el césped se tapiza
de lágrimas cautivas.

Tiemblo hasta las raíces
cada vez que urdes un nuevo combate en mi espalda
con tus manos de carámbano,
pero no hay frío en este mundo
que me aleje de tus brazos.

Cuando me besas con tu instinto de frondosa arboleda
eres hiedra racimosa
que revienta polen en mis labios,
y mi boca se acicala con la fragancia del pétalo recién abierto
por tu lengua de rocío en celo.

Sombría semblanza la de este libro inacabado
en el que no pude completar tu biografía.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 17 de julio de 2009


Cuando te haces río
amanso tus aguas bravas con mis manos de barca,
hago un cuenco y bebo hasta saciarme
del manantial que nace en tu costado;
siguiendo su cauce
vadeo el ombligo,
y con boca de oleaje
me anclo en tus muslos,
donde moras fontana
y tiemblas espuma.

Al pie del arroyo
retozamos desnudos
–descalzos de ortigas
y crecidos de musgo–,
y mascando una brizna
sonreímos impúdicos.

El rocío en la hierba
nos sirve de lecho;
el canto del grillo
siega el silencio
y bosqueja los sueños.

Sobre el verde prado
reclinamos los ojos,
entorchamos los cuerpos
y contemplamos el cielo,
en una noche trashumante de astros.

Al pasar una estrella
soplamos las velas
y cintila la noche luciérnagas.
Con la fertilidad de una mirada
devoramos un pensil de caléndulas.

Mi mano en tu vientre
dora las espigas de la cosecha
y ausculta trinos de alondra
en un nido de mieses.

Acaricio al hijo que nunca tuvimos,
y sueño que vives fuera de este poema,

tal vez en el Cielo,
con tu abuelo, que te cuida…

…y que allí no estás triste.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.