En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas.
Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía.
Te devuelvo la vida con mis versos.
Izó la lluvia con su estandarte de estrellas. En lo alto, la luna rielaba como un paraguas tachonado de perlas o un azucarero manirroto, y las gotas de un azul celeste, translúcido, casi hialino, pendían en meridianos de seda. El Céfiro despeinaba los árboles, y Calíope abanderaba ráfagas de té. ¡Qué inmenso era el oleaje del cielo visto a través del ojo de un alfiler! ¡Cuántas galaxias derramadas sobre el hombro saledizo de la noche! Se hubiera dicho que una araña hiperbólica tejía redes de lluvia sobre aquella ciudad lampiña, volteada de sombras. Y sin embargo, no había paz en la tormenta ni magia en el sombrero; tan sólo un agujero que daba la vuelta al bolsillo desprovisto de cuña y troquel. ¿Cómo, pues, tintineaban los besos allá en la acera y los semáforos bizqueaban ahítos de limón? ¿Qué fue de aquel sol de la infancia, pájaro de miel que anida en la tormenta, tronera donde aúlla el viento?
Para aquella chica de tez de calostro, el tiempo transcurría silente, ampuloso, ligeramente amanerado. Un mohín biselaba el relieve de sus labios dándoles un aire satisfecho; y sus ojos, de tan risueños, parecían dos rayas negras peinadas al albur. Liviana como un pálpito –y acaso igual de incierta–, tenía la expresión lisonjera del ciempiés y la apostura de una cariátide tamizada por la arena. Sus manos apenas sostenían la balanza del viento, y en los dedos de los pies le cosquilleaba una canción. El cabello, húmedo y fosco, ondeaba sin compás, como el dragón que serpentea albores en una hélice de fuego. Sólo un ganso o un faisán habría adivinado el caudal de su simiente.
Ninguna voz rugió como la escarcha ni hubo corrillo en el soportal; tan sólo silencio, un silencio terco y pertinaz, como el que precede al trueno que lagrimea relámpagos, a intervalos de cebra. Porque siempre supo que soñar era como contar estrellas en la noche. Indescriptible. Interminable. Un universo aleatorio. Una moneda lanzada al aire.
*Este relato es fruto de la colaboración con la ilustradora Clara Varela, y se enmarca dentro del proyecto coral Escríbeme una ilustración: http://escribemeunailustracion.blogspot.com/.
Imagina un mar que ciñe las olas
con su hebilla de plata y su miriñaque
de aljófar. Imagina una tierra que prensa
los ritos oceánicos de iniciación, o el ojo
crudo del pez fuera del agua, elíptico como
un zigurat desahuciado de pájaros. Imagina
un sol efebo con bardas de niebla y cinchas
de ajonjolí, o el aire erial de la tormenta. Aliña
el añil a la alheña. Imagina un arpa con rayos
de luna que al puntear estremezca al cigoto
en su matriz. Imagina un mar cauterizado de
lágrimas, o al asterisco preso en su corchete.
Imagina una soledad asolada de dédalos o
la oda del aedo. Imagina el sueño añil de la
ballena y el cuerno helicoidal del unicornio.
Imagínalo y entonces podrás decir que eres
vate en Tebas, Marsias, Apolo o Heliogábalo.
Nada sabe mejor al poeta ateo que
unos besos con versos y a bocados.
Tus labios.
Cuando me hablas son
un ballet de rosas, la
etopeya elocuente del compás.
Si callas se dobla el viento
y el abrazo zozobra.
Una bruma cinérea amortaja las luciérnagas
como el ciego pestañeo de un caballo
de ojos negros y opacos
que lleva el beso infinito de la muerte
impreso en las costillas.
Bebo la noche como un vaso sin fondo, .......desenvaino de la espada el tahalí.
–la noche es un llanto cristalino, el refugio doloso de la luz–
Algún día mis palabras,
puestas una encima de otra,
alcanzarán la luna
y viajarán por las estrellas
como un corcel
enjaezado de versos.
Hay bujías en la noche
y cárceles de dedos.
Hay más luces en el cielo que luceros.
Hay más heridas en tu pecho
de las que mis dedos pueden contar.
Las raíces de tu árbol
se expanden por mi tierra
desmembrada
como un grito en el universo.
Un día serás consciente de tu mortalidad
y amarás cada partícula de luz
que halague tu sombra,
cada rayo de sol que queme tus labios
con mi nombre en tu boca.
Incluso los relojes parados dan dos veces al día la hora exacta.
Proverbio
Ahora que las luces han muerto de ayuno
y la oscuridad es tan sólo una bombilla ciega
o un filamento roto, un fleco indefinido
e indefinible del sueño,
presiento una voz avezada al otro lado
del espejo que alienta tu nombre.
Tú me miras en el 13;
yo te miro en el 31,
y ¡carambola!
Nuestras miradas chocan
como bolas de billar
en la tronera.
Y me dirás: No hay más vida en estos ojos que un diluvio de versos.
Y te diré: Cómo olvidar el tacto amable de sus muslos, su húmido gineceo, sus ojos lacustres, su cabello meduseo, el rebalaje de su lengua –aquel ir y venir incesante de besos– y su boca de sirope de fresa.
La tristeza tiene voz de alcancía
o hucha rota, de semáforo
intermitente o lluvia ambarina.
Somos dos líneas paralelas
que siempre van juntas
y nunca se tocan.
Somos dos círculos concéntricos
anillados a un mismo tronco,
la raíz cuadrada de un bolero.
A veces pienso en los poemas que podría componer
con todas las palabras que nunca te dije,
con todos esos mensajes que nunca te escribí
–o que escribí en mi cabeza, pero no me atreví
a enviarte por miedo, orgullo o vergüenza–.
Son los hijos engendrados en la oscuridad,
los que nunca vieron el sol,
los que murieron sin alzar la voz
en un silencio claudicante.
Desde anoche no ha dejado de llover. Tras los cristales
llueve como el sueño intranquilo y porfiado de un cíclope.
Nadie conoce el misterio insondable de la lluvia, por qué
cae de lado si sopla el viento o se hace lábil pájaro en las
manos. Es noche cerrada, llueve y no me canso de mirar,
mientras la luna, esa efélide blancuzca en la danza macabra
de la noche, hilvana, cual Cloto, los hilos de agua que penden
ojizarcos.
.......................Tu amor es lluvia que no moja, párpado cerrado; .............mi amor es un relámpago que perdió la luz, ......el temible cometa ensangrentado.
Y pienso que ya no nos hablamos, que la voz
es fugitiva, como tu lluvia o mi noche; y que
la memoria es un lodazal, jirones de recuerdos o
miríadas de gotas pegadas, como insectos, al cristal. La voz desteje la palabra en charcos de metal fundido.
Ya no compartimos el fuego insomne de la palabra.
Ya no bebemos del mismo grial.
Algún día moriremos y nunca lo sabremos.
Después de todo, quizá sea mejor así.
Amor es la inflorescencia en umbela de los labios
que se llueven sinalefas, el manglar opíparo de la nuez,
la sílaba pegada al paladar, tu voz de gramínea, las lenguas
zangolotinas que se aguijonean como abejas denodadas,
besos de racimo, amor de cáliz y corola, dedos en la espalda
que se explayan como dendritas o vulturnos, fluido que mana
ubérrimo, gemido de rosa cortada, clímax seminal, estambre
cotidiano, picadura de cascabel, polen para los alérgicos.
Amor es adelantarse con el pensamiento a la palabra,
pensar en eucaliptos y decir koala.
Sólo tú eres capaz de modular la frecuencia del universo en un poema,
contraerlo en tus entrañas y luego botarlo como un barco a la mar.
Desnudo. Sin la retórica de la nieve. Revestido por la arquitectura efímera
de la piel. El llanto perentorio que ondula en la garganta. Umbral de vida
y muerte, postigo membranoso, eterno himeneo, zaguán de la inocencia.
¿Cómo haces para fraguar un cielo de una chispa de color?
¿En qué alambique destilas la vida? ¿Cuál es el secreto de tu orificio
angosto, ese crisol de lenguas, Babilonia prolífica y feraz? Muchos te han
escrutado, pero nadie ha penetrado aún en tus misterios eleusinos.
Cuando la luna de tu hombro
se tercie en una alondra
y la escarcha procure
el vuelo de la paloma,
no habrá cantos de sirena
ni cera en los oídos.
Cuando caigan las estrellas
en el sayal de los sauces
y manteen al alba su luz tornasolada,
nadie bramará más que esta pavana.
Vendrás a mí llorando –Andrómaca desconsolada–;
los ojos arrasados como templos de Ilión.
................–gloria a los caídos–
El mar te arropará en un catafalco de lirios blancos,
y te dejarás arrastrar por la corriente, hoja bonancible.
¿Qué es este amor sino un universo desdoblado,
un parche descosido o una lágrima deshilachada
en la madeja del océano?
................el amor, todo locura; ................al cuerdo cordura, ................y al loco lo cura.
Los maniquíes nos miran con ojos púnicos, de verde berilo;
sus besos son salados como las ruinas de Cartago.
Tienen tu nombre fruncido en la frente y les baila una ceja.
Soy Empédocles en el Etna y desafío la ascesis de tu fuego.
Soy el río de Heráclito que ha dejado de fluir.
Soy el barco de Teseo, el ojo de Melkart, la luna de Tanit.
Soy tantos yos que ya no sé quién soy.
Tendré que construirme de nuevo.
Sabes que mi corazón es una vasija humilde,
una talla primitiva, la bitácora sin navío.
Te aguardo con la sindéresis del samurái
que perdió el honor en la batalla,
el vientre abierto de golondrinas
y la sangre en el filo de la lengua.
Y en sus ojos titilaba la llama azulada de mi nombre
como un sinuoso relámpago que alumbra el fractal de la memoria.
De sus labios, trémulos y coriáceos, colgaba un beso centelleante,
una promesa seronda y rediviva; era el credo de mi amor, el dogma
de su fe. La voz aterciopelada del sufí.
El horizonte se ensanchaba en un manípulo de nubes pecioladas,
y el bosque, hirsuto, musitaba extrañas letanías. Los molinos
contenían a duras penas la respiración, mientras el agua rezongaba
en la piedra y la campana, a lo lejos, martilleaba penas ya olvidadas;
lágrimas de tan grises, desvaídas.
Al calendario le volaban ya las páginas, y los números danzaban
en una sinfonía crepuscular. El otoño veraneaba como un sol sin
arandelas o el infanticidio de un árbol.
Este blog está dedicado a la memoria de Sara Álvarez, quien lo ha sido Todo para mí y siempre lo será: la mujer a la que amo y la poeta a la que admiro. Mi poesía, tal como es, no existiría sin ella.
Sara dejó una huella imborrable en los foros de poesía en los que participó, foros donde se reconoció su enorme talento y calidad poética, y son muchos los que la recuerdan por alguno de sus pseudónimos más utilizados: Eterna Tristeza y SaraInés.
El nombre de este blog se corresponde con el título del libro de poemas que le dediqué: 'La luz de tu Faro'. No es posible pensar en Sara sin imaginarla subida al Faro, contemplando con nostalgia el vaivén de las olas de su querido mar Cantábrico.
Como diría Hölderlin, Sara es Uno fundido en el Todo viviente, ya ha emprendido el camino a la divinidad, y yo habré de seguirla, pero antes tengo una misión que cumplir: inmortalizarla en el arte, hacer que su nombre suene a poesía.
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**
**
*Tus labios hacen un circuito
mientras la piel se amotina erguida,
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arden y abaten como las pavesas.
Fálica la lengua...
Nada es olvido
Aquellas horas que pasamos juntos, las adorno con pétalos de rosas.
Tal vez nadie entienda qué pase, pero sigues siendo una estrella
en mi cielo, como ésa a la que se le pide un deseo y al desaparecer
sabes que ha estado. Porque tú la viste, tú la sentiste y la hiciste tú
estrella.
'Nada es olvido', Sara Álvarez
A mi Amor inmortal Sara Álvarez
La luz de tu Faro
Ahora eres aire y eres mar,
eres brisa y eres sal,
y en las aguas donde naciste,
entre riscos y playas,
descansas en paz.
'La luz de tu Faro', Óscar Bartolomé Poy
¿Acaso no me pertenecía, hermanas del destino, acaso no me pertenecía? Llamo como testigos a las puras fuentes y a los bosques exentos de culpa que nos escucharon, y a la luz del día y al éter. ¿Acaso no me pertenecía? ¿Cada nota que tañe la vida no la unía a mí?
'Hiperión o El eremita en Grecia', Hölderlin
A Dafne ya los brazos le crecían y en luengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que el oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían los tiernos miembros que aún bullendo estaban; los blancos pies en tierra se hincaban y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño, que con llorarla crezca cada día la causa y la razón por que lloraba!
Garcilaso de la Vega
¡Oh miserable hado! ¡Oh tela delicada, antes de tiempo dada a los agudos filos de la muerte! Más convenible fuera aquesta suerte a los cansados años de mi vida, que es más que el hierro fuerte, pues no la ha quebrantado tu partida.
'Égloga I - Nemoroso', Garcilaso de la Vega
Pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada, y entre las olas sola;
...
Pasaron ya los tiempos, cuando lamiendo rosas el céfiro bullía y suspiraba aromas.
Ya fieros huracanes tan arrogantes soplan, que, salpicando estrellas, del Sol la frente mojan.
...
Esposo me llamaba, yo la llamaba esposa, parándose de envidia la celestial antorcha.
Sin pleito, sin disgusto, la muerte nos divorcia: ¡ay de la pobre barca que en lágrimas se ahoga!
...
Mi honesto amor te obligue; que no es digna vitoria para quejas humanas ser las deidades sordas.
Mas ¡ay, que no me escuchas! Pero la vida es corta; viviendo, todo falta; muriendo, todo sobra.
Con la belleza se sufre de placer. Intentar retenerla es como querer asir el tallo de una rosa con espinas; cuanto más la aprietas, más adentro se te clava.
La mayoría de las imágenes de este blog han sido tomadas de Internet atendiendo a su belleza, plasticidad y adecuación al contenido del poema. Si el autor desea su expresa retirada, le ruego se ponga en contacto conmigo y procederé a eliminarla en el menor tiempo posible. Gracias.