Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

martes, 6 de septiembre de 2016

Da igual que las arañas hurguen
en lo más absurdo de tus sueños,
o que el calor menudee
donde los títeres danzan
al caerse el telón.
Sin ti, la vida es un frasco
que destapó su esencia
en una atmósfera irreal
de lagartijas convulsas sin cola.
Y no habrá otro espectáculo
que levante más vítores y aplausos
que mis tripas
rugiéndose a solas.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 20 de julio de 2016

No sé si todo empezó contigo
o si tú fuiste la causa de todo,
pero antes de ti no había nada –(d)año cero–.
Tal vez por eso te llamé mi pequeño universo.
Tú diste significado a mis metáforas
con tu erótica polisemia
de faros, acantilados y mareas.
Fuiste tú el verde musgo de mis ojos
y la rodilla temblorosa de mi helecho–sin(an)estesia–.
Nunca hubo, me dijiste, amador más perfecto,
y yo me lo creí, siendo el aborigen de tu danza.
Así llegué a besar la orilla púrpura de tu estrella gemela,
y el ruido de la vida se volvió un oro de líquido silencio,
como cuando todos los presentes creen haber presenciado
un hecho insólito e irrepetible y sólo pueden callar
y mirarse asombrados los unos a los otros,
haciéndose mudos partícipes del acontecimiento
–el 10 de Comaneci–.

Y el amor, que se empotra
en mi locura
como en un perfecto alunizaje,
¿no podrá debelar los bastidores
tumefactos de este rayo estéril?

Y estas manos mías,
que profanan el velo núbil de tus ojos
con su fino tacto de lluvia,
serán tu casa austera
y el vergel donde se ocultan las mandrágoras.

Y fue entonces, extrañamente,
cuando comprendí que ya te habías ido,
que nunca jamás volverías,
cuando comencé a sentirme bien.

Si todo lo que amo muere,
mi amor murió contigo.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 14 de julio de 2016

Me abrazas como una estrella muerta
que entrega su último residuo de luz
a la gravedad astringente del beso,
y yo te miro como un dios cansado de serlo,
nucleótido, colapsado
y sin la reciedumbre de aquel árbol
salutífero que un día fuera savia fértil
para tus labios entecos.

Tu soledad se parece tanto a mi Tierra,
pero es un planeta hostil e inhabitable
que te mata al respirarlo, y yo no sé
cómo filtrar este aire tuyo envenenado
que sublima mis huesos en volutas
de humo negro.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 10 de julio de 2016

Como una nota manuscrita
metida entre las páginas de un libro
que declara su amor
a una mujer desconocida
o una carta perfumada
que alguien quemó antes de leer,
así te amé yo, con la azarosa esperanza
de un paraíso recobrado
en el interior de una botella de ginebra
tragada y escupida por el océano
en el blanco arenal de una playa desierta.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 8 de julio de 2016

Tus labios como una luz apócrifa
que veranea en los fundíbulos narcotizados
de la memoria; tu voz, el crujido ocre de una alcuza rota.
Tu sexo es como una flor espúmea que descorcha su aroma
en la noche estival, y yo la libo
hasta hacerme pájaro e insecto, estremecimiento
involuntario de dos élitros que se frotan
en la proximidad candente del aliento
vulnerando tacto y piel, piel y tacto.
Así mi corazón eyacula alondras
como partículas de agua en suspensión
–chorro diáfano de avispas carnívoras–,
circuito cerrado
donde la luz extorsiona
la naturaleza espuria del símbolo
con sus drones militares.
La lluvia es esa pequeña muerte
que a todos nos desnuda, no importa
lo abrigado que uno esté. Ya es tarde,
amor, para soñarnos con las manos,
ahora que el silencio invade mi carril.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 3 de julio de 2016

De Chardonnay a Epaminondas,
noche arriba, noche abajo,
todo silencio me habla de ti.
Alguna vez lo supe, pero tan pronto
como lo supe, lo olvidé.
Toda mi vida ha sido
una preparación para este instante.
La tristeza en sus múltiples ángulos,
el dolor que se anticipa a la derrota.
Aquel tiempo en que una iglesia
devenía cementerio.
Disculpa si te amé.
La lluvia caligrafía tu nombre
en la espalda del fauno
y el ánima del cañón escupe furiosa
su muerte. Desde aquí puedo oír
el silencio desabrigado
de los mármoles, la intrusa
voz de las pirámides
que se alzan a lo lejos
como veranos afónicos
o mariposas invidentes.
Y así, como una llama perezosa
que derrama su último credo
en un baile nocturno de cintura indescifrable
o una luz que quiere hacerse sombra
en lo más sombrío del ágora,
te apagaste. El mar se veía
como un reloj antiguo y ceremonioso
y los motores de las lanchas
rugían asmáticos. Tu beso flotaba
entre mis labios como un copo de nieve
flota en la noche elástica y fundida
y una gotita lúbrica resbalaba
por la comisura estornudando su polen.
De ahí en adelante todo fue capitular.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 29 de junio de 2016

Hoy tus ojos me dicen adiós sin decirlo,
y lloras como quien dice que llora
porque se le ha metido algo en el ojo
–pero tú y yo sabemos que es una mentira
que te dices para hacerte la valiente–.
Ya nada quiero saber de tus besos,
de esos besos que me saben a hiel y mercromina,
ni saber quiero más del mecanismo ausente de tu voz,
aquel chorro cálido en que con gusto me bañara.
Para mí es tarde incluso para llorarte
–ya ves, yo no necesito hacerme el valiente
para disimular el veredicto injusto que tus lágrimas
arrojan– ahora que sé que te has ido antes de irte
y que lo que tengo ante mí, entre mis brazos amputados,
es el fantasma de aquello que algún día fuiste.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 19 de junio de 2016

Y al dormir te apretarás contra mí como una perra enferma.
Jaime Gil de Biedma

Como un lobo solitario que se atrinchera
en la estepa o el maullido triste de un gato,
yo te amé. Como una luz que nunca cicatriza
o un relámpago al que arrancaran uno a uno
los pétalos o una astilla clavada en la córnea.
Yo te amé. Y no hubo oración más fervorosa
que mis manos a las tuyas sosteniendo
o el aliento usurpado a cualquier muerte.
Años después dejó de helar en mi país
de nieves perpetuas, y mis árboles,
aquellos árboles que tú plantaste
con uñas hábiles de tierra
en áridos umbrales, extrañaron
el frío calor de tus pájaros de invierno.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 16 de junio de 2016

Mira cómo arden sus barcos en mi pábilo.
La memoria es un tálamo cruel
que aplaca la ingravidez
de los horarios
y el ciclo amargo del agua.
¿Para qué alterar los vértices
inconcusos
si el ave ablanda las alturas
y el río no extirpa sus relieves ácidos?
Como un geómetra de espadas, yo te hiero
en la voz y en la palabra
y tú transmutas
el orden secuencial de las galaxias
en tejidos de un rojo caníbal
que luego redondeas con las aspas furiosas
del tiempo
para maniobrar un infinito más audible.

Así tu carne se abre, excéntrica tirita, a la fina lámina
del beso y el filo descalza su pura inocencia
en tajos de sal y limón que la terca luz no exilia
a su sangre indolora.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

lunes, 13 de junio de 2016

Eran
sus lágrimas vivas
cenceñas palomas
y delicadas
que se resistían a morir
con el último naufragio.

Eran
de luz
sus labios silábicos,
y a oscuras
en mi espigón
encallaron.

Dicen que ya nadie muere de tristeza,
pero tú lo hiciste. Te moriste.
Y fue mi amor tu último hábito.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

viernes, 10 de junio de 2016

Arroja a lo innoble de este orgasmo
tu ahumada piel de salamandra
y escóndete detrás de mis latidos
como una luz preñada de esporas.
Aquí, en mi arbórea garganta,
la lejanía se comprime sola
en píldoras
de un azul indecoroso, y las batallas
libradas al silencio
se pierden donde la sangre circula su verdad
en pértigas doradas. Has donado
los tiempos impersonales del verbo
con todas sus capillas verdes
a una deidad más austera, más doliente,
y ahora no te quedan equinoccios
que restregarme ni picaduras de araña. La lengua
arde desbocada como un caballo blanco en llamas
que galopa directo hacia el infinito adiós
del marfil de su mirada
o tal vez hacia el mismo mar
donde descansan, inconclusas, tus cenizas.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

sábado, 28 de mayo de 2016

Y morir hasta nacer,
y soñar con el placer
de no ser nadie
ni nada. Liberarse
hasta siempre del mañana,
¡qué vacío y qué fetén!

Como el baile de la muerte
de dos estrellas muy próximas
en un sistema binario,
desde el principio nuestro amor fue
una huida hacia la luz
y un colapso gravitatorio
que sólo puede acabar
con dos galaxias
fundiéndose en una.
Es el ciclo de la vida –ouroboros–,
cataclismos, reacciones nucleares,
nubes de polvo y gas, supernovas,
y el nacimiento de una nueva estrella
allí donde murió otra.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.