Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

lunes, 1 de octubre de 2012

Luna falciforme














Cimbrea el ríspido color por la vulva amoratada, tachas
de un carmín ajedrezado; la jugada tantas veces ensayada,
la carúncula en el anexo de la boca, postergando la falacia.

Yo no sé qué te hice para que te convirtieras en esta nada
que todo lo llena, en esta luna destetada. No sabía que el infinito
podía ser más largo que un silencio ni que el vacío podía colorear
las esquinas de las fotos con el sepia del pasado. Y este placer
de hurgarse la herida, y este buscarse la sangre tras las venas.
¿Qué decir, si todo lo que veo ya ha pasado, si la luz es un engaño
que oculta el sentimiento bajo la escarcha del tiempo? Décimas
de fiebre, fracciones de segundo, danza en la esfera el minutero.
¿Besé tu piel de estrella hasta el cálamo ardiente?                                                 Supernova.
¿Tembló tu luz guillotinada detrás de mis cendales?                                                Revelación.
¿Ungí con mi éter el grial de tu escafandra?                                                 Videterna.
Desapareciste en la miel que unta los dedos, en el fogonazo del queroseno.
Y han pasado tantas lunas que se ha deshecho la noche entera
con la madeja de todos nuestros huesos.

Estrangulé la poesía para que tu voz se callara en mi cabeza,
pero al final siempre sonaba la misma melodía. Y eras tú,
envuelta en música, la ofrenda que una vez tanto quisiera.

Sus ojos de luna falciforme
astillaban la matraz del universo
en esquirlas de una luz arlequinada,
cráteras de vino y sangre maridadas
en sazón, la noche informe,
para un hombre sin atmósfera.

El sueño pernocta en los labios de la lluvia
como un laberinto ambivalente, residual,
y los ojos son urbes recónditas, océanos
de un solo tallo, océanos sin vida.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

4 comentarios:

Índigo
1 de octubre de 2012, 20:03

¡Tantas emociones, tantas palabras! No sé qué decir... la luna. La luna también es suave y dulce. Mirar a la luna creciente, con la ventana abierta, tumbado en la cama y, desde allí, dejar que el sopor te gane y que se lleve una gota de dolor y te deje todo lo bello y hermoso que te llena y te llenó.

Jorge Ampuero
2 de octubre de 2012, 3:34

Certeros versos.
Persevera.

Saludos.

Liz Flores
4 de octubre de 2012, 19:56
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Liz Flores
4 de octubre de 2012, 19:57

Luego de la cita, que es un preámbulo a lo sutil y a la belleza, me gustaron muchos los ocho versos que le suceden; hay tanta ternura y desolación a la vez que es imposible no conectarse con tu sentimiento. Sin embargo me quedo con dos versos que hacen de por sí un sólo poema:

"Estrangulé la poesía para que tu voz se callara en mi cabeza,
pero al final siempre sonaba la misma melodía. Y eras tú..."

Hermoso poeta.
Un abrazo, Óscar.

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