Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

lunes, 17 de diciembre de 2012












La mano temblaba en el río
y su cántico sangraba como un ciervo herido.
Y pensó que la muerte era una prolongación de su ceguera.
La hebilla que eriza la noche de alfileres inauditos.
El costal lacerado de todos los herejes.
Los labios penitentes.
Ulcerados.
Cosidos.

Miró sin sombra en los ojos
y contempló el preámbulo de una orilla.
La distancia entre aquellos dos puentes.
El brocal insalvable.
La niebla infinita.
La exánime bujía.
Y la luna que cabrillea en las aguas frías
como un delfín embreado de lujuria.
O una máscara mortuoria
que al dejar de mirarla sonríe lasciva.
Todo ocurre despacio a este lado del río.
Los dioses no pagan diezmos a los hombres
y los clérigos rezan bajo tierra.
Como gusanos.

Suspiró bajo el amplio techo
un proscenio de estrellas
y el cielo nocturno murió congelado.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

lunes, 19 de noviembre de 2012












La dejé marchar
sin prisas en los labios.
Se fue encorsetada en la belleza
de un amanecer núbil y diáfano.
Temblorosa como una gota de rocío,
así se anunció la mañana;
más allá de toda sombra,
más allá de su agonía.
Llovía una música lenta
que acariciaba el corazón
y los árboles no temían a los rayos.
Las hojas febriles adobaban
un paisaje lunar
tamizado por la escarcha
y orzuelos de una luz glauca.
¿Y el cielo?
El cielo era de un vespertilio ocre
hilvanado en la hojarasca.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 14 de noviembre de 2012











Somos los únicos supervivientes del accidente.
Somos los últimos.
Y nunca habrá nadie.
Ella murió. Yo soy ella, le dijo.
Un cuerpo muerto en el espacio.
Lo más parecido a la nada.
El timbre que gotea.
La música congelada.
Pero dicen que hay otros universos,
que estamos duplicados como llaves
que abren puertas insospechadas
al otro lado del cielo.
Tal vez no seamos los únicos.
Tal vez haya más como nosotros ahí fuera,
más allá de la estrechez de esta realidad.
Eso significaría que en algún lugar estás viva;
quién sabe, quizá conmigo.

No, no sabes que moriste.
Y es mejor que no lo sepas.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 7 de noviembre de 2012








I
Al yo verte estabas mojada
como la quilla de un párpado
orillado por las lágrimas.

Y te dije: enséñame la cadencia exacta del beso
para que pueda pronunciarte sin palabras.
Y de pronto me callaste todos los miedos
con tu lluvia de octavillas.

II
Nunca aprendí el arte de la ausencia
ni la estética de los ojos cerrados.
El sueño para mí siempre fue una cinta métrica
devanada o una boquilla sin humo ni marfil.
Nunca supe de amables subterfugios en la carne
ni de las oscilaciones de los péndulos bajo la piel.
No hay gravedad entre tus piernas, ni nada
que me haga pensar en cerezas. Pero yo porfío
en horadar cada milímetro de tu cuerpo
con ráfagas de un metal incandescente.

III
Antes del comienzo hay un comienzo,
un búcaro de flores ya marchitas y un clavo oxidado,
y del final poco o nada sabemos.

El infinito son dos ojos achispados
en una nochedad sin frenillo,
la vagarosa intimidad de las armónicas
en la fluidez del equilibrio.

¿Y qué hay del alma
si el botón encasquilla las presillas
como nutrias relapsas
y la sangre brota sin cuartel?

Ayer dijimos adiós a los flecos descosidos del verano
y ya siento el frío acordonándome los pies
como una cinta de Moebius.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 31 de octubre de 2012














¿Qué es un billón de años para esta eternidad?

Siempre te amaré.
Y siempre significa siempre.
Desde la singularidad cósmica al Big Bang,
desde la cíclica colisión de los branas
a la cuarta dimensión,
de la materia oscura a la energía oscura,
del todo a la ubicuidad espacial de la nada,
siempre te amaré.
Y siempre significa siempre.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

lunes, 29 de octubre de 2012


I
Ella le pidió la luna,
y él le cavó una trinchera
en las aurículas de la razón.

II
Ella le pidió la luna,
y él se arrancó una costilla
y la colgó del tablón oscuro de la noche.

III
Ella se hizo al aire,
y él la llamó rapsodia azul
y pájaro ebúrneo.

IV
Ella rompió a llorar,
y él le recompuso el gesto
con un beso salobre.

V
El amor es el planeta más distante,
una luz alucinada,
un cielo ambarino,
el invierno sin abarcas.

VI
Cuando yo me vaya,
la vida migrará a soles más cálidos
y las estrellas caerán al mar
como peces en el palangre.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 25 de octubre de 2012













Lo supo con la palma abierta de la mano.
Lo supo sin bocetos ni palabras ni nada que tachar en la libreta.
Lo supo, y cuando lo supo, se le rasgó la letra.

Y luego este abrazo de vasija rota,
y este sol sin filamentos,
y esta duna tan gibosa que hace pliegues en la sombra
como estrías en un hueso.

Secos están ya los aljibes del verano;
secos, también, los tendales del ayer;
no quedan estorninos en la retama
ni moras que coloreen los labios.

Todo,
todo ha perecido bajo el viento lúgubre de la mañana:
las hojas, las cinchas, incluso las cadenas de la prosa.

Y tú sigues bailando como un dado en el cubilete del tahúr,
segura de tu apuesta,
sin miedo de los números marcados,
confiada a los ardides del azar.

El silencio es la más brutal de las palabras
que puede escupirme tu boca; tu silencio,
que me mata como un disparo a quemarropa.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

martes, 23 de octubre de 2012












Juntos abrazamos la fe del relámpago
y el sutil lamento de las algas.

Juntos comulgamos con la oblea del nostálgico
y la epístola de las armas.

Juntos violamos la incertidumbre del ocaso
con trazas de un azul desportillado.

Juntos postergamos la cita ineludible de la muerte
aun cuando a la misma muerte nos entregamos.

Juntos caminamos por la estafeta del olvido
con los ojos vendados por el sueño
y los labios lacrados de silencio.

Juntos explotamos el sol de los nenúfares
en pompas translúcidas de un metal celeste
y no quedó nada
                               más que ambrosía.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 21 de octubre de 2012














¿Quién devolverá la voz a los muertos?
¿Quién dará luz a las estrellas que han dejado de brillar?

Sus ojos brillaban como púlsares en la noche meridiana,
encurtida de estrellas, y yo era el músico ciego
que coagulaba su vientre de luciérnaga en torniquetes
de luz sin otro horizonte que sus besos teñidos de sangre
y un viento gemebundo que me empujaba más allá
de todo mundo conocido, más allá de todo miedo
por conocer.

Tú me enseñaste que el amor es la herida más honesta,
que la muerte amerita más versos que un poema
y que las estrellas sólo duermen cuando dejan de brillar;
así como duermes tú, mi nube estacionada en la lluvia
que llora, alegórica, al invierno en que nos conocimos.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

miércoles, 17 de octubre de 2012












Quisiste escandir las sílabas de mi libídine
con tus manos lábiles, de arpista de sueños,
e izaste con la punta de tu lengua retráctil
mi numen enhiesto como una balada
que se expande sin fin por el universo.

¿Acaso viste en mí la semilla dehiscente
que lleva la vida a fósiles planetas?
¿Acaso tu cítara vibró con mi plectro?

Rimaremos los labios en un beso inmenso
y te encabalgaré
con la métrica del trueno
que rasga la noche de fuego
y me derramaré sobre ti como un aguacero
metafórico, y renacerás, amor mío,
de mi caldo primigenio.

¿Y después qué quedará de nosotros?
La enteca pavesa de un incendio.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

domingo, 14 de octubre de 2012












Floto como un principio holográfico
en tu horizonte de sucesos.
Mi luz no puede escapar a la atracción
gravitatoria que ejerce tu vacío ineluctable.
¿Qué es más denso que la nada?
¿Qué magnitud se arremolinará en el disco de acrecimiento?
–el tiempo, ese epitelio verrugoso, esa rojez subcutánea–
Ejecutamos el baile partícula-antipartícula
y nos desintegramos (radiación de Hawking).
Evaporamos estrellas de neutrones.
La muerte, el principio de incertidumbre.
El amor es un punto de no retorno,
la entropía biyectiva del aquí y del ayer.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

jueves, 11 de octubre de 2012














Tus ojos tienen el misterio de las catedrales
ungidas por el sol, la luz de los vitrales
que tamizan las bóvedas en una celosía de colores
y ese repiqueteo de lluvia y badajos, de arcana
fe sin sombras.

Tus manos esconden un silencio eviscerado
de caricias talladas en la oscuridad
cuando se tienden como puentes al ocaso
y los dedos patinan en la escarcha.

Tus besos aletean en profundidades abisales,
donde la noche es de un azur opalescente
y la respiración no es más que falta de aire.

Tus labios son un rimero de versos, un engranaje
poético, el último eslabón del empíreo;
y aunque pálidos y yertos, más rojos
que la sangre que corre por mis venas.

Tu lengua es el paisaje sentimental
donde brujuleo sin conciencia ni tiempo,
un ferrocarril volado por la pólvora, la luna
recitada por el fuego.

Tu voz es un vial sin lenitivo,
la extenuación del compás que gira ebrio,
el báculo que hiende mares muertos.

Quisiste bailar sola,
pero este tango es para dos.

Todo lo que escribo a ti te lo dedico,
porque sólo tú aportas una brizna de luz
a este mundo sordo y ciego.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.