Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

domingo, 21 de marzo de 2010

La pluma y el rayo de luna


En la penumbra de una buhardilla, un rayo de luna, tan huérfano como cualquiera de los trastos allí abandonados, bailaba en círculos alrededor de la pluma de un deslustrado morrión.

El rayo se sentía tan solo en la oscuridad, tan triste y desamparado, que buscaba la compañía de un objeto al que, en el delirio de su fantasía, quería animar. Tal era su ingenuidad; tal era su ilusión.

Al principio nada se movía en la quietud embalsamada de la noche. El silencio era un espejo roto, mate. Los bargueños dormían un sueño de siglos recubiertos por una espesa capa de polvo, y los postigos de las ventanas permanecían cerrados al mundo exterior por herrumbrosas fallebas. Sólo aquel ceniciento rayo de luna, que penetraba por el orificio de un cristal sucio y mohoso, horadaba la impenetrable oscuridad con su trémulo parpadeo.

Aquélla era la única perturbación en el ambiente estanco de la buhardilla, y sin embargo, al poco tiempo, tímidamente y de manera casi imperceptible, pero cada vez con más viveza, como quien despierta de un sueño profundo o de un prolongado letargo, la pluma comenzó a blandirse. No había en el angosto cuarto de paredes desconchadas viento o brisa que la agitase, pero las barbillas tremolaban débilmente en el claro de luna, erizándose en una improvisada coreografía, garabateando en el aire una discontinua sucesión de filigranas y arabescos. A impulsos de una renovada energía, curvando el cálamo, la pluma se contoneaba y ondeaba con creciente vigor y excitación, tal que parecía el estandarte más colorido en el penacho de un ave de exótico plumaje. Era como si se aprestara a volar o como si quisiera escribir un verso en la serpentina cinta de luz que caía al sesgo con la caligrafía argentina de la luna. Al mismo tiempo, y lo que quizá fuera aún más sorprendente, el antiguo casco de bronce repujado –que tal vez en otro tiempo había protegido la cabeza de un bizarro conquistador español del dardo envenenado de un indígena–, relampagueó súbitamente en la oscuridad como metal bruñido y esplendente, y acompañando a la pluma danzarina, se puso a gorjear, con un canto sonoroso que iluminó hasta el rincón más umbrío de la estancia, donde una araña tejía laboriosamente la mortaja del tiempo.

El rayo de luna y la pluma se amaron entre las sombras delusorias del desván, mientras la ciudad dormía, ignorante del milagro que se obraba cada noche en aquel trastero. El hechizo duraba hasta el amanecer, cuando, con los primeros rayos de sol, se disipaban los últimos vestigios del sueño.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

4 comentarios:

Isabel
21 de marzo de 2010, 23:45

Saludos, estimado poeta, aunque tú no dominas sólo la poesía, eres un escritor con mayúsculas y para mí, un buen escritor, no es el que sabe escribir bien, es el que engancha al lector y éste no puede dejar de seguir su obra, de inmiscuirse, de sentirla, de vibrar, de sentir la desilusión o el enamoramiento, o la rabia, etc...

Describes con tanta sensibilidad tu intimidad de cualquier espacio, ya sea interno o material, que el realismo transfigura a la imaginación o viceversa, y siempre con esa Belleza ( con mayúsculas) que acostumbras.

He visto y sentido cada cromática imagen que has perfilado, he escuchado ese silencio que resquebraja el alma, eres sin duda alguna un escritor deslumbrante, al que siempre sigo, lo sabes.

Y perdona que no haya comentado tus poemas anteriores, Galatea,todos tus nombres, y los demás que has publicado, es muy tarde y estoy cansada, pero no pude resistirme en dejarte este palabrerío mío, que no sirve más que para decirte que te admiro muchísimo.

Un abrazo y mis mejores deseos, como siempre, Óscar

Yoko-Tomoto
22 de marzo de 2010, 14:26

Sonrío, es muy bella la narración que os comparte el día de hoy. Es cierto que al leeros la imaginación vuela creando los escenarios poéticos que genera vuestra letra. Se percibe el encanto de una amalgama de sentimientos en él, como la soledad, tristeza, deseo y amor.

He imaginado a la pluma iluminada por ese lucero de luna, es muy bello.

Yo estoy feliz por el comentario que he leído, Mi bella Isabel parece vuelta de un viaje. Qué grata sorpresa. Se distingue el aprecio que os tiene y sé es mutuo.
Yo a ambos os aprecio y admiro mucho, son para mi como dos líricas góndolas.

Con mucho aprecio y admiración
Alejandra

Marisol
22 de marzo de 2010, 16:53

No termino de acostumbrarme ni a tu poesía, ni a tu prosa, siempre me gustan más y más, es un ciclo recursivo.
Isabel tiene razón, a pesar de la escasez de luz en la buhardilla, apenas iluminada por el rayo de luz huérfano, los matices que hay en el relato sin infinitos.
Tus descripciones son meticulosas al extremo, y logras que la imaginación se rinda ante ti.
'La quietud embalsamada de la noche', 'El sueño de siglos' 'las barbillas tremolaban débilmente en el claro de luna' 'la araña tejía laboriosamente la mortaja del tiempo.' Son imágenes deslumbrantes tanto en forma como en contenido.
Un gran abrazo.

Clara Schoenborn
23 de marzo de 2010, 0:33

Encuentro muy interesante tu relato Óscar, más que todo por la pericia de mantener el interés en una situación aparentemente insignificante. La fantasía la vuelve mágica y el detalle la torna delicada. Me encantó. Un abrazo con todo afecto.

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