Blog poesía La luz de tu Faro

En memoria de Sara Álvarez, con Amor, devoción y ternura infinitas. Absorbí tu esencia, y ahora vives en mi poesía. Te devuelvo la vida con mis versos.

viernes, 15 de enero de 2010

El Árbol de Teneré


Hay una acacia que brota en el desierto
solitaria
huérfana
como símbolo de una esperanza inmarchitable
que contraviene la voluntad de la Naturaleza
tal vez obrando un milagro
donde sólo hay páramo y abrojo
con los huesos de un dromedario como únicos testigos de su gesta
sin otra compañía más que el sol abrasador
y una inmensa extensión de arena.

Se levanta en lo que antaño fuera un bosque
feraz y exuberante
de ubérrimas palmeras
hoy tragado por las dunas
convertido en tierra yerma
oasis y espejismo
de muertes y tragedias
donde el verde de las hojas
es ahora
el ocre de la arena.

¿Cómo hará para mantenerse erguida después de tantos años de sequía e inclemencias?
¿Cómo podrá sobrevivir al árido clima del desierto sin una compañera?
¿Acaso sus raíces excavan la tierra en busca de un acuífero o venero subterráneo?

Se alza encorvada
temulenta
como si huyera del calor sofocante e insalubre
y pidiera a gritos un barreño de agua
para despejar su melopea.

Tiene las ramas torcidas
agostadas
y apenas le cubre la copa
una fronda rala y cenicienta.

Está clavada como una estaca
enclavada en tierra de nadie
absurdo mojón de predio o hacienda
sin dueño ni herencia
ni otro signo de pertenencia
más que la locura.

A vista de pájaro
se diría un hombre crucificado
–y algo de penitente tiene,
con los brazos caídos y el espinazo doblado–

De vez en cuando ve pasar una caravana de sal
–y le entra de pronto la sed–
o saluda a un despistado tuareg
que levanta su jaima junto a él
y le corta algunas ramas secas
para calentarse las manos
al calor de una hoguera.

Los mapas la señalan como la frontera de la soledad.
Así me siento yo, como el Árbol de Teneré.

© Óscar Bartolomé Poy. Todos los derechos reservados.

4 comentarios:

Liz Flores
15 de enero de 2010, 21:39

Conocí este árbol hace unos años gracias a un amigo que es increíblemente talentoso, científico residente en Dinamarca, y siempre me decía así "soy como el árbol de Teneré".

Tu poema como siempre muy lindo Óscar, con esas imágenes tan dolorosas y pardosas pero enmarcadas bellamente entre tus versos.

Sé que escribis con tinta sangre de tu corazón, y nos duele leerte así a los que te queremos, pero pecaré al decir que disfruto cada línea de tu poesía. Decis que te sentís como ese árbol, solo, enraizado a su desierto del Sa(ha)ra y a mi me parece precioso y tierno el tributo que le rendís a tu amor inmortal.

Te abrazo mi amigo.
PD: Y si, es un milagro el seguir viviendo sin alma.

Marisol
16 de enero de 2010, 19:27

No conocía al árbol de Teneré, por eso leerte es estar en un constante aprendizaje.
Ojalá ése árbol hubiera seguido siempre florido, como faro viviente y punto de referencia de los azahari; prodigando su amor al Sahara que le daba a beber la vida en sus aguas freáticas.
Tu poema, lo describe tan nostálgico y triste como seguro te sientes tú, y le haz hecho un paralelo tan real que he sufrido tu dolor.
Va mi deseo de que la tristeza no seque nunca tus raíces y que ese árbol florezca de nuevo.
Un abrazo, admirado poeta.

Cita
17 de enero de 2010, 1:38

Comienzas el poema con un mensaje a mi parecer optimista, algo asi como "donde hay vida hay esperanza" y lo acabas de una manera solitaria y sombría...
Brillante, ya sabes, me encanta tu estilo.

Besos

Cita

Isabel
18 de enero de 2010, 14:49

Seguro que ya sabes que ya no existe por un accidente, mira que no habría sitio y un conductor ebrio se la cargó, ahora está reprensentada por un trozo de metal, pero tú que a todo le das vida más allá de la vida, la haces inmortal, me encantan las descripciones tan bien detalladas que haces.

Otro abrazo

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